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La llamada

NOLA Cuentes Vides | 07 de noviembre de 2017

Sé que ella ya no esta aquí, y aunque cuesta aceptar que esto no es un mal sueño, podré sentir su amor en cada recuerdo grabado en mi mente, cada momento de vida que me regaló.

Sé que ella ya no esta aquí, y aunque cuesta aceptar que esto no es un mal sueño, podré sentir su amor en cada recuerdo grabado en mi mente, cada momento de vida que me regaló.

No me despedí de ella para siempre, porque sé que cuando llegue el momento de verla de nuevo, tomaré su mano, sonreiré como lo hacía antes al mirar sus hermosos ojos, y sellaremos con un beso este amor eterno. Cuesta aceptar su partida, pero cumplió su misión conmigo.

Me enseñó el amor, la felicidad y el verdadero perdón. Mi amada hizo de de mí una mejor persona y le doy las gracias por haber existido, aunque ahora sólo existirá en mi memoria y en mi corazón. Mi mente siempre estará con ella, y sé que cada vez que sienta el viento acariciando mi rostro, será ella, mi amada.

La amé como nunca amé a nadie, y esa fuerza que alguna vez nos unió, nos volverá a encontrar en una mejor vida. Sé que la manera en que nos tocó despedirnos no fue la mejor, y ahora le dedico estas palabras de amor, con mucha tristeza, pero sintiendo paz, porque cuidará de mí desde el cielo.

Por una parte estoy feliz, porque sé que ahora le toca descansar, y todo lo que me queda es la tranquilidad de saber que di todo de mí, y la amé cada segundo de mi vida con locura y con mucha pasión. Y así será por el resto de mis días.

Esas fueron las palabras que escribí la tarde en que le dimos cristiana sepultura al amor de mi vida. De repente, mi teléfono sonó. No atendí, porque era una llamada privada, pero el celular seguía sonando y sonando.  Ya habían pasado más de 15 minutos, y la llamada era insistente. Cuando decidí contestar, me llevé la sorpresa de mi vida. La voz de mi amada me decía: 

“¡Sácame de aquí!” Corrí como loco al cementerio, y con una almágana rompí la tapadera, y la saqué. Cuando nos trasladábamos hacia un centro hospitalario, ella me dijo: “escuché a tu corazón, te amaré por siempre”.

Y esta vez si falleció. Una autopsia posterior reveló que en realidad, mi amor había sufrido una catalepsia, que le dejó en un estado muy similar a la muerte. Y sin saberlo, la habíamos enterrado viva.

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