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"Coco", el canto de Pixar. Desde los cuentos de los hermanos Grimm, Disney se adueñó de las historias universales para crear una industria muy rentabl

Portada | 28 de noviembre de 2017

Por Memo Perez Lara

He de confesar que siempre tuve recelo por las películas de Disney. Todas las historias que tocaba, las convertía en previsibles cuentos de hadas, donde había personajes planos, la mitad bondadosos e ingenuos contra la otra mitad, malévolos, y también ingenuos, donde al final triunfaba el amor, la amistad o cualquier valor positivo universal, donde todos vivieron felices para siempre.

Disney ha estado recolectando la mitología y las historias del mundo para nutrir sus producciones.

Desde los cuentos de los hermanos Grimm, Disney se adueñó de las historias universales para crear una industria muy rentable en sí misma, la de la animación de largometrajes, a la mano de ir perfeccionando sus avances técnicos

Solo que tomaba las historias y las mutilaba en su dimensión profunda y filosófica; la que tenía que ver con la naturaleza humana.

Disney no se iba a permitir que en La Cenicienta hubiera una escena donde las hermanastras se cercenaran un dedo del pie para que la zapatilla de cristal les calzara, o que Pinocho fuera asesinado, como sucedía en los originales.

Pero también es justo decir que las obras de Pixar comenzaron a adquirir una dimensión compleja y emotiva, donde había mensajes profundamente humanos, que hasta nos hacían olvidar que lo que observábamos era un dibujo animado. Y podíamos disfrutar de la humanidad de Wall-e, por ejemplo.

Así, descafeinados, los cuentos más relevantes de la historia han pasado a nuestros niños y al imaginario colectivo desde la perspectiva de Disney. Es casi imposible no rememorar a los ridículos centauros griegos de la película "Fantasía" cuando se escucha la sinfonía pastoral de Beethoven.

Y así, a medida que Disney, a través de Pixar, logró sofisticar sus películas, éstas solo eran el despliegue tecnológico en favor a la diversión pueril.

Basta recordar al genio de Aladino, que pasó de ser un oscuro y temible ser sobrehumano, a una suerte de mezcla de Jim Carrey y Bugs Bunny, más cercano a un humor absurdo propio de las caricaturas de la Warner.

Asimismo, Hércules pasó del multidimensional semidiós griego que es, a una especie de estudiante de high school gringo, borrándole la tragedia, como el haber asesinado a su familia. 

No hablemos del pobre Hermes, que le fue muy mal en la caricaturización.

Antes de "Coco", Pixar ya había logrado picos profundamente emotivos, como la despedida de Andy de sus juguetes en "Toy Story 3", o la secuencia que cuenta la historia de vida Carl Friedricksen, mejor conocido como el viejito de "Up".

En el caso de "Coco", logra tal vez el momento más emotivo de sus películas, que solo se puede lograr en alusión a la familia, y a la pérdida más dolorosa que puede tener un ser humano, que es la muerte de un ser querido.

Como en la historia de Orfeo, se presenta a la música como el único instrumento capaz de conectar el mundo de los vivos y los muertos, y aún más, vencer a la muerte por medio de la persistencia de la memoria en una sencilla línea melódica.

Así como Orfeo rescata a su amada Eurídice al conmover al poderoso Hades y al cancerbero, y logra relajar las reglas de la vida y la muerte, así el profundo amor de un padre por su hija, y viceversa, logran el milagro de la inmortalidad.

Como Marcel Proust recupera el tiempo perdido a base de una súbita revelación en su memoria al oler su café, Coco recupera la historia casi perdida de sus ancestros, al escuchar la canción de su infancia. Su padre por fin ha sido redimido, y recordado diferente a la injusticia a la que había sido condenado, y ella lo recupera en una súbita lucidez, que es la máxima alegría de la familia, quienes en el proceso también recuperan a Coco.

Técnicamente, la película es impecable. La creación del mundo de muertos, visualmente, captura el colorido y la brillantez de la fiesta de muertos en su esencia.

Para los que somos de Guanajuato, la recreación de la ciudad mágica colonial es en sí misma motivo de regocijo.

La adición de los coloridos naranjas intensos de las flores de cempasúchil, los alebrijes, los callejones, los panteones, los rasgos de los personajes, los tranvías, las plazas públicas y las múltiples referencias a la cultura mexicana y sus ídolos, hablan de un exquisito trabajo de investigación, y una sensibilidad y respeto a las tradiciones. Hasta los acordes hechos con los dedos de forma fidedigna como deberían de sonar en la guitarra, le dan un toque realista impresionante.

Y para los detractores, que sienten que Pixar se está robando nuestras tradiciones, puedo decirles que el arte es universal, y es hasta incomprensible que esta tradición tan poderosa no haya sido inmortalizada desde mucho antes.

Los autores se acercaron al día de muertos con maestría y respeto, y es de aplaudir que esta obra haya sido realizada por expertos y líderes en su ramo.

Quisiera ver la reacción de la gente si Alemania les prohibiera a nuestros músicos interpretar a J.S. Bach, porque no somos alemanes.

"Coco" es un poema y una genuina declaración de amor. Pero no de ese amor barato y melodramático Hollywoodense, sino del más puro y profundo. Nos muestra que la trascendencia y la inmortalidad no está reservada solo para los grandes personajes de la historia, donde todos los demás, los que somos ordinarios y comunes, podemos ser marginados de la memoria colectiva.

No solo los artistas y los científicos se pueden ganar la inmortalidad a base de los logros extraordinarios en beneficio de la humanidad, sino que también, todos nosotros, todos los demás, estamos muy cerca de la trascendencia vía el amor de la familia.

Nosotros, los ordinarios, la masa, los que al parecer no tenemos una huella profunda en nuestro paso por el planeta, podemos vencer al olvido en la inmensidad del tiempo, mientras hayamos cultivado el amor en un solo ser humano, en un familiar.

Todas las culturas tienen la esperanza de que la muerte no es el final, de que nuestros muertos están en un lugar agradable, por fin descansando, por fin bien.

El Día de Muertos es ese contacto, por lo menos en un día, donde los muertos no lo están tanto, y pueden comunicarse con nosotros. La pérdida y la orfandad que nos deja el vacío de la partida de un ser querido ya no es tan dolorosa, ya no es eterna.

No esperaba mucho de "Coco". Y "Coco" me puso súbitamente frente a mis senti-mientos más profundos y genuinos. Y difícil de creer, en medio de una historia que en su 90% tiene la función de divertir.

Aún más mérito para Pixar, envolver un tema tan profundo y sensible en medio de risas, sin que la parte anecdótica de la película parezca superflua o forzada.

Todos tenemos una "Coco", un amor incondicional del que no nos queremos separar nunca, aunque contravengamos las reglas de la vida. "Coco" se atrevió a tocar las fibras más sensibles, y como Orfeo, salió avante de la osadía, sin más arma que el amor.

Estoy seguro de que todo el mundo, literal, se regocijará con esta película, porque los valores que muestra son universales, y estoy seguro que en los países del mundo se interesarán en las fiestas mexicanas de muertos, y se sorprenderán que una cultura haya generado una celebración tan hermosa.

Sin más, "Coco" es una hermosa obra maestra.

Gracias "Coco".

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